Cuando un niño recibe un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA), es normal que en la familia surjan muchas preguntas: ¿qué sigue?, ¿qué tipo de terapia necesita?, ¿podrá comunicarse mejor?, ¿cómo podemos ayudarlo en casa?

Lo primero que debemos saber es que cada niño con autismo es diferente. No todos presentan las mismas dificultades ni necesitan los mismos apoyos. Por eso, la intervención debe ser individualizada y partir de las necesidades, fortalezas y etapa de desarrollo de cada niño.

¿Qué es el Trastorno del Espectro Autista?

El autismo es una condición del neurodesarrollo. Esto significa que está relacionado con la manera en que el cerebro se desarrolla y procesa la información.

Puede influir principalmente en áreas como la comunicación y el lenguaje, la interacción social, el comportamiento, el juego, la adaptación a los cambios y el procesamiento de estímulos sensoriales.

Algunos niños pueden tener dificultades para expresar lo que quieren, relacionarse con otras personas o adaptarse a situaciones nuevas. Otros pueden presentar movimientos o intereses repetitivos, sensibilidad a determinados sonidos, texturas o ambientes, o necesitar mayor apoyo para desarrollar habilidades de la vida diaria.

Pero es importante recordar algo: el diagnóstico no define todo lo que un niño puede llegar a hacer.

Entonces, ¿en qué consiste la terapia?

No existe una sola “terapia para el autismo” que funcione igual para todos los niños.

La intervención comienza con una valoración profesional que permita conocer qué habilidades ha desarrollado el niño, cuáles están en proceso y en qué áreas necesita mayor apoyo.

A partir de ahí se establecen objetivos específicos. Dependiendo de cada caso, la terapia puede trabajar aspectos como:

  • Comunicación y desarrollo del lenguaje.
  • Atención, comprensión y seguimiento de instrucciones.
  • Interacción social y juego.
  • Habilidades motoras y coordinación.
  • Regulación emocional y conductual.
  • Procesamiento e integración de estímulos sensoriales.
  • Independencia para comer, vestirse, asearse y realizar otras actividades cotidianas.
  • Adaptación y participación en la escuela, el hogar y otros espacios sociales.

El objetivo no debe ser simplemente que el niño “se comporte mejor”, sino darle herramientas para comunicarse, participar, aprender y desenvolverse con la mayor autonomía posible.

¿Por qué es importante comenzar oportunamente?

Durante los primeros años de vida, el cerebro atraviesa una etapa especialmente importante de desarrollo y aprendizaje. Esta capacidad de adaptarse y formar nuevas conexiones se conoce como neuroplasticidad.

Por ello, cuando existen señales de alerta en el desarrollo, es recomendable buscar una valoración profesional sin esperar a que el niño “madure” o a que el problema desaparezca por sí solo.

Una intervención oportuna puede aprovechar esta etapa para estimular habilidades fundamentales para el desarrollo.

Esto no significa que después de cierta edad ya no haya nada que hacer. Los niños, adolescentes e incluso adultos pueden continuar desarrollando habilidades, pero identificar las necesidades y brindar los apoyos adecuados desde etapas tempranas puede hacer una diferencia importante.

El autismo no se atiende desde una sola profesión

Este es uno de los puntos más importantes para las familias.

El TEA puede involucrar diferentes áreas del desarrollo, por lo que su atención no debería depender exclusivamente de un solo terapeuta o profesional.

Dependiendo de las necesidades del niño, el equipo puede incluir profesionales de medicina, psicología, terapia de lenguaje, terapia ocupacional, fisioterapia, educación y otras áreas especializadas.

Cada profesional observa una parte distinta del desarrollo, pero todos deberían trabajar hacia objetivos comunes.

Por ejemplo, no tendría mucho sentido trabajar la comunicación únicamente dentro del consultorio si esa habilidad no se lleva después a casa o a la escuela. De la misma manera, aprender una actividad nueva tiene mayor valor cuando el niño logra utilizarla en su vida cotidiana.

Por eso hablamos de un manejo multidisciplinario y coordinado.

La familia también forma parte del equipo

Las terapias son importantes, pero representan solamente una parte de la vida del niño.

Los padres y cuidadores tienen un papel fundamental porque muchas de las habilidades trabajadas durante una sesión necesitan practicarse y generalizarse en actividades cotidianas: al comer, jugar, bañarse, vestirse, salir de casa o convivir con otras personas.

El especialista no solamente debe trabajar con el niño. También debe orientar a la familia, explicar los objetivos y proporcionar estrategias que puedan utilizarse en casa.

La comunicación entre familia, terapeutas, médicos y escuela puede hacer que la intervención sea mucho más consistente.

¿Cuándo debo buscar una valoración?

Es conveniente consultar con profesionales del desarrollo infantil si observas que tu hijo presenta dificultades importantes para comunicarse o interactuar, pérdida de habilidades que anteriormente tenía, poco interés en relacionarse con otras personas, conductas repetitivas muy marcadas, dificultades importantes para adaptarse a los cambios o cualquier aspecto de su desarrollo que te genere preocupación.

Buscar ayuda no significa necesariamente que tu hijo tenga autismo. Una valoración permite conocer mejor su desarrollo y determinar si requiere seguimiento o algún tipo de intervención.

Cada niño tiene su propio camino

Cuando hablamos de autismo, no debemos pensar solamente en dificultades. También debemos aprender a reconocer las capacidades, intereses y fortalezas particulares de cada niño.

El objetivo de la intervención no es convertirlo en alguien diferente, sino ayudarlo a desarrollar sus capacidades, comunicarse mejor, adquirir mayor independencia y participar plenamente en su familia, escuela y comunidad.

En Creer Rehabilitación Integral y Neurodesarrollo creemos que acompañar el neurodesarrollo requiere mirar al niño de manera integral. Por ello, la valoración, la intervención terapéutica, la participación de la familia y el trabajo coordinado entre diferentes profesionales son fundamentales para establecer objetivos adecuados para cada niño.

Ante una duda sobre el desarrollo de tu hijo, una valoración profesional puede ser el primer paso para saber cómo acompañarlo.