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Desde que nace, tu bebé comienza un proceso maravilloso de aprendizaje. Aunque durante los primeros meses pareciera que principalmente duerme, come y llora, en realidad su cerebro está trabajando constantemente: aprende a reconocer voces, observar rostros, mover su cuerpo, responder a sonidos y relacionarse con las personas que lo rodean.
Todo esto forma parte del neurodesarrollo.
El neurodesarrollo es el proceso mediante el cual el cerebro y todo el sistema nervioso van madurando y permiten que el bebé adquiera nuevas habilidades.
Durante este proceso se desarrollan diferentes áreas:
Cada nueva habilidad se va construyendo sobre las anteriores. Por eso, los primeros meses de vida son una etapa especialmente importante para acompañar el desarrollo del bebé.
Una de las dudas más frecuentes de los padres es:
“¿Mi bebé se está desarrollando normalmente?”
Es importante recordar que no todos los bebés adquieren las habilidades exactamente el mismo día o la misma semana.
Los llamados hitos del desarrollo sirven como una guía para conocer las habilidades que van apareciendo conforme el bebé crece, pero no deben utilizarse para comparar constantemente a un niño con otro.
Por ejemplo, alrededor de los primeros meses comenzamos a observar habilidades como mirar el rostro de sus padres, reaccionar a sonidos, sonreír cuando alguien interactúa con él, mover ambos brazos y piernas y levantar progresivamente la cabeza cuando está boca abajo.
Conforme pasan los meses, el bebé comienza a controlar mejor su cabeza, llevarse las manos a la boca, intentar alcanzar juguetes, hacer nuevos sonidos y buscar cada vez más la interacción con las personas.
La estimulación temprana consiste en ofrecer al bebé experiencias adecuadas para su edad que favorezcan su desarrollo a través del movimiento, el juego, los sentidos y la interacción con sus padres o cuidadores.
Y aquí hay algo muy importante:
Estimular no significa acelerar.
No buscamos que un bebé se siente, gatee o camine antes que los demás. Tampoco necesitamos llenar su día de ejercicios.
La mejor estimulación es aquella que respeta su edad, su ritmo y las habilidades que está preparado para desarrollar.
Estimular a un bebé puede ser mucho más sencillo de lo que imaginamos.
Hablarle mientras lo cambiamos, sonreírle, cantarle, cargarlo, permitirle observar nuestro rostro, responder a sus sonidos y darle oportunidades de moverse libremente son experiencias que favorecen su aprendizaje.
También es importante permitir que el bebé pase tiempo jugando en el piso sobre una superficie firme y segura.
Cuando está despierto y siempre bajo supervisión, colocar al bebé algunos momentos boca abajo ayuda a fortalecer los músculos del cuello, hombros y tronco que posteriormente necesitará para desarrollar otras habilidades motoras.
Si al principio no le gusta esta posición, podemos comenzar con periodos cortos e incrementarlos progresivamente.
Importante: boca abajo es una posición para jugar mientras el bebé está despierto y supervisado. Para dormir, los bebés deben colocarse boca arriba.
Para un bebé pequeño, uno de los estímulos más interesantes es el rostro de sus padres.
Cuando mamá, papá o sus cuidadores hablan con él, responden a sus sonidos, sonríen, lo abrazan y reaccionan a sus necesidades, están favoreciendo algo fundamental: la comunicación y el vínculo afectivo.
La estimulación temprana no solamente busca fortalecer músculos. También favorece el lenguaje, la atención, la exploración, el aprendizaje y la interacción social.
Más que preocuparnos porque un bebé tarde algunos días o semanas más que otro en realizar determinada actividad, debemos observar cómo va evolucionando su desarrollo en conjunto.
Conviene solicitar una valoración profesional cuando los padres sienten que algo no marcha como esperaban, cuando el bebé pierde una habilidad que anteriormente realizaba o cuando existen dificultades importantes para moverse, sostener progresivamente la cabeza, responder a sonidos, mirar o interactuar con las personas.
También puede ser recomendable realizar un seguimiento más cercano en bebés que nacieron prematuros o que tuvieron alguna situación médica que pudiera aumentar el riesgo de presentar dificultades en su desarrollo.
Consultar oportunamente no significa que necesariamente exista un problema. Una valoración permite conocer cómo se encuentra el bebé y decidir si solamente necesita seguimiento, algunas recomendaciones para casa o una intervención más específica.
Durante los primeros meses no necesitamos convertir cada momento en una terapia.
El juego, las canciones, las caricias, las voces, las miradas y el movimiento son parte natural del desarrollo.
Por eso, una buena estimulación temprana debe ayudar a que los padres conozcan mejor a su bebé, sepan qué habilidades esperar conforme crece y tengan herramientas sencillas para favorecerlas en casa.
Cada bebé tiene su propio ritmo, pero todos necesitan oportunidades para moverse, explorar, comunicarse y sentirse seguros mientras crecen.
En CREER® Rehabilitación Integral y Neurodesarrollo podemos acompañar a las familias mediante la valoración del neurodesarrollo y programas de estimulación temprana adaptados a la edad y necesidades de cada bebé.
Porque durante los primeros meses, pequeños momentos de juego e interacción pueden convertirse en grandes oportunidades para aprender y desarrollarse.